En una Plaza de Mayo colmada, Abuelas y Madres le exigieron al gobierno de Javier Milei que deje de negar la historia y diga dónde están los 30 mil. Entre críticas, memoria y lucha, a medio siglo del terrorismo de Estado, el reclamo sigue intacto.
A cincuenta años del Golpe de Estado cívico-militar, la Plaza de Mayo volvió a ser un territorio de memoria y resistencia. No hubo silencios cómodos ni medias tintas: los organismos de Derechos Humanos —con Abuelas y Madres al frente— hicieron lo que vienen haciendo desde hace décadas, plantarse ante el poder y decir lo que el poder no quiere escuchar.
En primera fila, Estela de Carlotto y Adolfo Pérez Esquivel acompañaron la lectura de un documento tan político como urgente. “Son 30 mil y que nos digan dónde están”, fue la frase que atravesó la plaza, una consigna que hoy vuelve a ser necesaria frente a un gobierno que cuestiona, relativiza y hasta reivindica aspectos del terrorismo de Estado.
En el texto central, no faltaron las críticas directas al presidente Javier Milei y a la vicepresidenta Victoria Villarruel. “Estamos juntos nuevamente en esta histórica plaza y en todas las del país con profunda convicción para afirmar que la memoria se defiende luchando”, dijeron los organismos, dejando en claro que no habrá retrocessos ni silencios mientras el discurso oficial intente deslegitimar el consenso democrático construido en estas cinco décadas.
A medio siglo del horror, la pregunta sigue abierta porque todavía falta verdad. Y en un país donde ciertos sectores del poder buscan reinstalar la sombra del negacionismo, este 24 de marzo volvió a recordarnos algo esencial: que sin memoria no hay democracia, y que la lucha de las Abuelas y Madres sigue siendo un faro en tiempos oscuros.