Febrero llega con nuevos aumentos y vuelve a presionar el bolsillo de los hogares argentinos

Transporte, alquileres, prepagas, telecomunicaciones y tarifas de energía encabezan los ajustes del segundo mes del año, en un contexto de inflación que muestra señales de desaceleración.

Febrero de 2026 se presenta con una serie de aumentos en distintos rubros clave del gasto cotidiano de los hogares argentinos. Si bien las consultoras privadas proyectan una inflación mensual menor a la registrada en los últimos meses de 2025, el inicio del año continúa marcado por actualizaciones de precios en servicios regulados y privados.

Entre los incrementos más relevantes se destacan los vinculados al transporte, con ajustes en tarifas de colectivos, trenes y subtes, que impactan especialmente en los usuarios del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), aunque también se registran subas en servicios provinciales y del interior del país.

En el caso de los alquileres, los contratos que aún se actualizan bajo esquemas de indexación periódica enfrentan nuevas correcciones, en un mercado inmobiliario que sigue mostrando tensiones entre oferta, demanda y capacidad de pago de los inquilinos.

La medicina prepaga vuelve a aplicar aumentos en las cuotas mensuales, en línea con la evolución de los costos del sistema de salud. Las subas varían según la empresa, el plan contratado y la franja etaria de los afiliados.

También se registran ajustes en los servicios de telecomunicaciones, como telefonía móvil, internet y televisión por cable, con incrementos que dependen del tipo de abono y de las promociones vigentes en cada compañía.

Por último, febrero incluye actualizaciones en las tarifas de energía eléctrica y gas, con impactos diferenciados según el nivel de consumo, el esquema de subsidios y la ubicación geográfica de los usuarios. En algunos casos, los aumentos se reflejan de manera escalonada en las facturas.

De este modo, aunque el ritmo inflacionario muestra una tendencia más moderada, los aumentos de febrero vuelven a poner presión sobre el presupuesto familiar y obligan a los hogares a reorganizar gastos en un contexto económico que aún sigue siendo desafiante.

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