El Presidente reivindicó los despidos masivos en la administración pública, admitió que los estatales son quienes más perdieron poder adquisitivo y volvió a defender la motosierra como eje de su plan económico.
El presidente Javier Milei volvió a dejar en claro cuál es el corazón político de su gestión: reducir el tamaño del Estado a cualquier costo. En sus últimas declaraciones, no sólo reconoció que los trabajadores del sector público son quienes más sufrieron la pérdida salarial desde el inicio de su mandato, sino que además reivindicó esa caída como parte del ajuste que, según sostiene, debía pagar “la casta”.
La frase no aparece aislada. Desde el comienzo de su gobierno, la administración libertaria viene exhibiendo como logro la eliminación de miles de puestos en organismos nacionales, empresas públicas y áreas estratégicas del Estado. Incluso desde el Ministerio de Desregulación se difundieron balances oficiales celebrando la reducción de más de 35.000 empleos públicos y prometiendo que “la motosierra no para”.
Mientras el Ejecutivo exhibe el ajuste como una medalla política, los efectos empiezan a sentirse en universidades, hospitales y servicios esenciales, con instituciones públicas denunciando pérdida de financiamiento y deterioro salarial de hasta un tercio del poder adquisitivo en algunos sectores.
Para el Gobierno, el recorte es sinónimo de eficiencia. Para miles de trabajadores, significa salarios pulverizados, incertidumbre laboral y un Estado cada vez más debilitado en áreas sensibles.