Un informe privado reveló que marzo de 2026 fue el peor mes para la actividad empresarial desde la pandemia. En un año desaparecieron más de 14 mil compañías y la caída del empleo formal profundiza la crisis laboral.
La economía argentina continúa mostrando señales preocupantes en uno de los indicadores más sensibles para cualquier país: la cantidad de empresas en actividad. Un informe elaborado por el sector privado confirmó que marzo de 2026 se convirtió en el peor mes para el entramado empresarial desde la pandemia, consolidando una tendencia negativa que ya lleva 25 meses consecutivos.
Los números son contundentes. Entre diciembre de 2023 y marzo de 2026 cerraron 26.213 empresas en todo el territorio nacional. Solo en el último año desaparecieron más de 14 mil firmas, afectando especialmente a pequeñas y medianas empresas que enfrentan una combinación explosiva de caída del consumo, retracción de la producción y dificultades para sostener sus estructuras de costos.
La relación entre menos ventas y menos empresas vuelve a reflejarse con claridad. El retroceso del mercado interno golpea directamente sobre la actividad económica y termina impactando en la supervivencia de los establecimientos productivos y comerciales.
La consecuencia más visible de este proceso aparece en el mercado laboral. Con menos empleadores activos, las oportunidades de conseguir trabajo formal se reducen y la competencia por cada puesto se vuelve cada vez más intensa. Las largas filas para entregar currículums en comercios, industrias y empresas de servicios se han convertido en una postal frecuente en distintas ciudades del país.
Según el relevamiento, marzo registró una caída interanual del 2,8% en la cantidad de empleadores, marcando el descenso más pronunciado del período reciente. Detrás de esa cifra hay miles de puestos de trabajo menos, emprendimientos que bajan sus persianas y familias que enfrentan mayores dificultades para sostener sus ingresos.
Mientras el Gobierno insiste en que la estabilización macroeconómica terminará generando inversiones y crecimiento, los indicadores de la economía real continúan mostrando un escenario complejo para la producción, el comercio y el empleo. La pregunta que comienza a instalarse es cuánto tiempo más podrá resistir el tejido empresarial argentino antes de que el deterioro deje de ser una estadística y se convierta en una crisis aún más profunda.