“Ciencia y universidades marchan al Obelisco: el ajuste ya lleva la inversión científica por debajo de los niveles de 1976”.

La comunidad científica y universitaria se moviliza este miércoles contra el recorte presupuestario. Según un informe del grupo EPC, la función Ciencia y Técnica representará en 2026 apenas el 0,173% del PBI, por debajo del 0,194% registrado en 1976. Desde 2023, la pérdida real acumulada llegaría a 45,7 puntos.

La ciencia argentina vuelve a las calles. Este miércoles, investigadores, docentes, estudiantes, trabajadores universitarios y organizaciones del sector se movilizarán al Obelisco para reclamar por el fuerte deterioro del financiamiento destinado a ciencia, tecnología y educación superior.

El dato que sintetiza la magnitud del ajuste es contundente: la participación de la función Ciencia y Técnica en el PBI se ubicaría en 2026 en apenas el 0,173%, de acuerdo con los datos difundidos por el grupo EPC. Se trata, según esa serie, de un mínimo histórico.

La comparación con otros períodos permite dimensionar el retroceso. En 2014, el financiamiento de Ciencia y Técnica había alcanzado su máximo, con el 0,354% del PBI. En 1976, al comienzo de la última dictadura militar, representaba el 0,194%.

Es decir que, de acuerdo con estas cifras, el nivel proyectado para 2026 quedaría incluso por debajo del registrado hace medio siglo.

Un ajuste que se profundiza

El deterioro del presupuesto científico no se explica por una sola caída anual. Según el último informe del grupo EPC, durante 2026 la función Ciencia y Técnica sufrirá una nueva reducción real del 9,2%.

El mismo informe calcula que desde 2023 la pérdida real acumulada llegará a 45,7 puntos.

La consecuencia es un escenario cada vez más complejo para los organismos de investigación, las universidades y los equipos científicos: menos recursos para proyectos, equipamiento, infraestructura, formación de investigadores y desarrollo tecnológico.

La preocupación del sector apunta también al impacto que estas políticas pueden tener a mediano y largo plazo. La formación de científicos y la construcción de capacidades tecnológicas requieren continuidad y financiamiento sostenido; la interrupción de esas políticas puede significar la pérdida de equipos y conocimientos que demandaron años en construirse.

Del máximo de 2014 al piso proyectado para 2026

La evolución del indicador muestra un cambio profundo en el lugar que ocupa la ciencia dentro de las prioridades presupuestarias.

2014: 0,354% del PBI.
Fue el máximo registrado en la serie mencionada por EPC.

1976: 0,194% del PBI.
El nivel correspondiente al año del golpe de Estado que inició la última dictadura.

2026: 0,173% del PBI.
El nivel proyectado por el informe citado para Ciencia y Técnica.

La diferencia con el máximo de 2014 es particularmente significativa: el porcentaje destinado a la función sería actualmente menos de la mitad de aquel registro.

¿Qué está en juego?

Para investigadores y trabajadores del sistema científico, la discusión no se reduce a una cuestión presupuestaria.

Detrás de cada recorte aparecen laboratorios que necesitan equipamiento, proyectos que requieren financiamiento plurianual, investigadores que dependen de becas y salarios, universidades que sostienen buena parte de la producción científica nacional y desarrollos tecnológicos que pueden demandar años antes de generar resultados.

La ciencia, además, es uno de los sectores en los que la pérdida de capacidades puede ser difícil de revertir. Cuando un grupo de investigación se desarma, un científico emigra o un proyecto se interrumpe, recuperar ese conocimiento y reconstruir los equipos puede llevar mucho más tiempo que el necesario para reducir una partida presupuestaria.

La marcha al Obelisco

Con este escenario como telón de fondo, la movilización de este miércoles buscará convertir el reclamo sectorial en una advertencia sobre el rumbo de la política científica nacional.

El mensaje de la comunidad científica es que sin financiamiento sostenido no hay política de ciencia y tecnología posible. Y que el ajuste no impacta solamente sobre quienes trabajan hoy en universidades y organismos de investigación: también define qué capacidades tendrá la Argentina para producir conocimiento, tecnología e innovación en los próximos años.

La marcha al Obelisco pondrá así en el centro de la agenda una pregunta que excede al presupuesto de un año: qué lugar tendrá la ciencia en el proyecto de país que se está construyendo.

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