El testimonio que complica a Adorni: la escribana confirmó pagos diferidos y profundizó las sospechas por el departamento en Caballito

La declaración que Manuel Adorni esperaba para despejar dudas sobre su vertiginoso ascenso patrimonial terminó encendiendo aún más alarmas. La escribana Adriana Nechevenko, responsable de la escrituración del departamento de Caballito donde hoy vive el jefe de Gabinete, entregó un testimonio que no solo no aclara nada: empeora todo.

Según explicó, las dos vendedoras —dos jubiladas— aceptaron algo que en el mercado inmobiliario es, por decirlo suavemente, un milagro: diferir por doce meses el pago de 200.000 dólares, sin intereses. Una operación más propia de un préstamo entre familiares que de una compraventa entre desconocidos. Y, como si fuera poco, semanas antes de la firma, el hijo de una de las vendedoras visitó a Adorni en Casa Rosada. La casualidad, otra vez, haciendo equilibrio sobre la cornisa.

Un patrimonio que crece sin explicación

Con este dato y con lo que ya tiene sobre la mesa el fiscal Gerardo Pollicita, el panorama se vuelve más nítido: Adorni, desde que es funcionario, ya movió 85.000 dólares en efectivo para diferentes propiedades.

  • 30.000 dólares para el departamento de Miró.
  • 30.000 dólares para la hipoteca de su propiedad en Parque Chacabuco.
  • 25.000 dólares destinados a la casa en el country Indio Cuá.

Todo eso mientras su declaración jurada decía que solo tenía 43.000 dólares, y sus ingresos públicos rondaban los 3,5 millones de pesos. Las cuentas no dan. Las operaciones no cierran. Las explicaciones no aparecen.

Crueldad en todos los frentes

En un país donde a los jubilados se les exige sobrevivir con haberes destruidos, donde la represión a quienes protestan se volvió rutina y donde la motosierra cae siempre sobre los mismos, este tipo de maniobras muestran otra cara del mismo proyecto: la crueldad no es un error, es una política. No se limita a reprimir a los viejos en la calle. Está también en estas operaciones inmobiliarias que desafían toda lógica económica y toda ética pública.

Mientras se achican salarios, derechos y programas sociales, hay funcionarios que parecen vivir en otra Argentina: una donde los dólares aparecen, los pagos se “difieren”, las visitas a Casa Rosada abren puertas y las explicaciones jamás llegan.

Un caso que ya desborda lo inmobiliario

Lo de Adorni ya no es solo una investigación sobre un departamento. Es un modo de hacer política:
acumular privilegios mientras se exige sacrificio al resto.

Con el testimonio de la escribana, la pregunta es inevitable:
¿quién financia el nivel de vida del funcionario que pide austeridad?

La respuesta todavía no llegó.
Pero los números, las visitas y las escrituras cuentan una historia que el Gobierno no puede seguir tapando.

 

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