Cómo la retórica de la libertad encubrió golpes de Estado, dictaduras y crÃmenes masivos en América Latina y el mundo
Por Daniel Baldomir
Durante décadas, Estados Unidos ha presentado su polÃtica exterior como una cruzada moral en defensa de la democracia, los derechos humanos y la libertad. Sin embargo, un repaso riguroso de la historia reciente revela una constante e inquietante intencion: detrás del discurso idealista se repite un patrón de intervención, desestabilización y violencia sistemática, especialmente en regiones ricas en recursos estratégicos.
Las etiquetas cambian —subversión, comunismo, narcotráfico, terrorismo— pero los intereses concretos permanecen intactos: control del petróleo, del agua, de minerales estratégicos, de territorios y de gobiernos dóciles.
La fabricación del enemigo: el fantasma necesario
Ninguna intervención es posible sin un enemigo. Estados Unidos ha demostrado una notable capacidad para construir amenazas internas o externas en los paÃses que busca controlar:
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ayer fue el comunismo
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luego la guerrilla
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más tarde el narcotráfico
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hoy el terrorismo o el “autoritarismoâ€
Esta lógica permitió justificar:
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golpes de Estado
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guerras internas
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militarización de la vida civil
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suspensión de garantÃas constitucionales
En América Latina, esta estrategia tomó forma en la Doctrina de Seguridad Nacional, que redefinió a los propios ciudadanos como enemigos. El resultado fue devastador.
América Latina: laboratorio del terror
Desde Guatemala (1954) hasta Chile (1973), pasando por Brasil, Uruguay, Paraguay y Argentina, Estados Unidos estuvo presente —de forma directa o indirecta— en cada quiebre democrático clave del continente.
No se trató de errores ni excesos aislados:
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financió golpes de Estado
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entrenó fuerzas represivas
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brindó apoyo diplomático a dictaduras
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toleró —y en algunos casos promovió— el terrorismo de Estado
Argentina: dictadura, silencio y complicidad
En el golpe de 1976, Washington:
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conocÃa el plan represivo
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recibió informes sobre desapariciones, torturas y asesinatos
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eligió mirar hacia otro lado
Los documentos desclasificados prueban que la “lucha contra el comunismo†pesó más que la vida de 30.000 personas. La democracia fue sacrificada en nombre del orden y de los negocios.
Cipayismo y élites locales: socios necesarios
Ninguna potencia actúa sola. Las intervenciones estadounidenses contaron siempre con élites locales dispuestas a entregar soberanÃa a cambio de privilegios:
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sectores militares
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grupos económicos concentrados
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dirigencias polÃticas funcionales
Este cipayismo extremo fue clave para:
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legitimar la represión
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implementar modelos económicos extractivistas
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desmantelar Estados nacionales
La violencia no fue solo militar: fue también económica, social y cultural.
¿Genocidio? El debate que incomoda
Aunque el derecho internacional limita el término “genocidioâ€, cada vez más académicos y organismos de derechos humanos hablan de:
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genocidio polÃtico
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genocidio social
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crÃmenes de lesa humanidad sistemáticos
Más allá de la definición legal, el saldo es irrefutable:
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millones de muertos
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sociedades traumatizadas
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democracias frágiles
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economÃas dependientes
Del pasado al presente
Hoy, las formas cambian:
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sanciones económicas
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guerras hÃbridas
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lawfare
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operaciones mediáticas
Pero la lógica sigue siendo la misma: quien no se alinea, paga el costo.
Conclusión
Estados Unidos no exportó democracia: exportó inestabilidad funcional a sus intereses. Mientras el discurso hablaba de libertad, en el terreno se consolidaban dictaduras, saqueo y dependencia.
Recordar esta historia no es antiamericanismo:
es memoria polÃtica,
es defensa de la soberanÃa,
es una advertencia para el presente.