Investigan la muerte de un soldado en el mismo cuartel donde mataron a Omar Carrasco

Pablo Jesús Córdoba tenía 21 años. Estaba de guardia en la entrada del Grupo de Artillería 16 de Zapala y fue encontrado con dos tiros en la cabeza. Un suboficial se comunicó con su padre y le dijo: «Tu hijo se pegó un tiro, pero tranquilo: está vivo». Murió a las pocas horas. «Es imposible que se haya disparado con un FAL dos veces. No cierran las versiones que salieron desde el Regimiento», dijo el padre, suboficial del Ejército. La causa fue caratulada como muerte dudosa.

Pablo Jesús Córdoba tenía 21 años y soñaba con realizar la carrera militar para llegar al estatus más alto dentro de los oficiales, vocación que le inculcó su padre suboficial del Ejército. Sin embargo, todo se vio truncado por su sorpresiva muerte, el pasado 1 de junio, mientras se encontraba de guardia en el Grupo de Artillería 16, en el Regimiento de Zapala, Neuquén, el mismo donde en 1994 fue asesinado el soldado Omar Carrasco. 

Minutos después de las 6 de la mañana de ese 1 de junio, el joven fue encontrado con dos impactos de bala en la cabeza, y fue llevado de urgencia al hospital de Zapala, donde horas después moriría.

Según el relato de la familia y lo que pudo reconstruirse hasta ahora, Pablo se encontraba de guardia, apostado en la barrera que da a la entrada del regimiento de Zapala. Hasta allí había llegado alrededor de las 4.30 de la madrugada y debía permanecer hasta su horario de salida, cerca de las 6.30.

«Son seis soldados para cubrir dos puestos, o sea que las guardias son rotativas, y a mi hijo le faltaba un ratito para descansar cuando pasó lo que pasó», contó Juan José Córdoba, padre del joven.

Entre las 6.05 y 6.10, Córdoba recibió un llamado a su teléfono celular que le comunicaba el fatídico hecho. «Yo estaba en un taxi, yendo al trabajo. Como también soy militar, tengo horarios parecidos a los de mi hijo. Cuando atendí, era un suboficial que conozco y me dijo: ‘Tu hijo se pegó un tiro. Pero tranquilo, no te preocupes… Está vivo’. Yo corté, llamé a Natalia, la mamá, y le dije con desesperación que fuera al Hospital de Zapala, adonde estaba yendo yo».

En el centro de salud fueron recibidos por el doctor D’Angelo, que atendió a Pablo cuando llegó herido desde el regimiento y quien le comunicó a la familia que no había chances de que sobreviva. Y asi fue, horas después, cerca de las 8.55, el joven fue desconectado y falleció. 

Muerte dudosa y pedido de Justicia

La familia no cree en la hipótesis del suicidio y reclama que se esclarezca lo ocurrido. «Estamos convencidos de que Pablo no se quitó la vida como dijeron, pero necesitamos saber la verdad. Pasan los días, las semanas y no podemos seguir con esta duda que nos carcome el alma», señaló Córdoba.

Y agregó: «Nuestro hijo era un muchacho motivador, optimista, siempre pendiente del otro para levantarle el ánimo, colaborar, muy apegado a nosotros. No presentaba ningún signo de inestabilidad emocional o depresión».

Las dudas de la familia del joven soldado se sustentan en el informe médico y la autopsia, que revelaron que los dos disparos habían sido debajo del mentón y arriba de la oreja derecha.

«Es imposible que se haya disparado Pablo con un FAL (N. de R. «Fusil Automático Liviano») dos veces. Estaban muy distantes los impactos. En un principio creímos que los dos disparos podrían estar uno cerca del otro, pero cuando leímos en informe médico del Hospital de Zapala y dos semanas después los detalles de la autopsia, nos pareció rarísimo esto… No nos cierra para nada las versiones que salieron desde el Regimiento«, remarcó el padre, suboficial y conocedor del mundo de las armas.

Asimismo, denuncian «cierta indiferencia y desinterés»  desde el Ejército. «El jefe de la Unidad donde estaba Pablo, el teniente coronel Green dice que está dispuesto para cuando lo llame la Justicia pero hay poca voluntad», sostuvo Córdoba.

La causa está siendo investigada por la Fiscalía de Zapala, a cargo de Karina Stagnaro y el juez Greca la caratuló como «muerte dudosa». Así como los padres están convencidos que su hijo no se quitó la vida, también creen que «fue testigo de algo que no tenía que ver. Algo grave, muy grave. Y como saben que era hijo mío y que Pablo era alguien que no se iba a callar… lo pudieron haber matado», afirmó el padre.

Sobre el hecho en sí, fuentes judiciales indicaron que no se descarta ninguna hipótesis y que serán clave las pericias balísticas complementarias que indicarán la forma en la que se hicieron los disparos. Para eso, precisaron, se hará la prueba en un polígono de Zapala con el arma que causó la muerte de Pablo. Según la documentación que obra en la causa, se encontró una sola vaina servida en inmediaciones del cuerpo.

Respecto a este detalle, los investigadores explicaron que es posible que la escena se haya visto contaminada porque en un primer momento removieron el cuerpo para tratar de salvar al joven. Algunos elementos podrían haber sido manipulados sin intención porque el objetivo primario era la sobrevida de Pablo.

El comunicado del Ejército

 

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