En 2010, Argentina dejó atrás el “Día de la Raza” y lo reemplazó por “Día del Respeto a la Diversidad Cultural”. Quince años después, la vieja denominación vuelve a aparecer en la comunicación oficial. No es solamente un cambio de palabras: detrás de cada nombre hay una manera de contar la historia.
Hay palabras que no son inocentes.
Durante décadas, el 12 de octubre fue presentado como el “Día de la Raza”. Una denominación que colocaba en el centro la llegada europea a América y que respondía a una determinada manera de interpretar la historia: la conquista como acontecimiento fundacional y la mirada europea como punto de referencia.
En 2010, Argentina decidió cambiar esa denominación mediante el Decreto 1584/2010. El “Día de la Raza” pasó a llamarse oficialmente “Día del Respeto a la Diversidad Cultural”, en consonancia con el reconocimiento constitucional y los tratados de derechos humanos de la diversidad étnica y cultural.
No fue un simple retoque de calendario.
Fue una modificación del relato.
La nueva denominación propuso dejar de mirar el 12 de octubre exclusivamente desde la perspectiva de quienes llegaron desde Europa y abrir la conmemoración a los pueblos originarios, sus culturas, sus historias y sus resistencias. El propio Estado argentino explicó entonces que se trataba de abandonar la idea de la “conquista” como celebración para avanzar hacia la reflexión histórica y el diálogo intercultural.
Y ahora aparece nuevamente “Día de la Raza”
En 2026, la vieja denominación volvió a aparecer en la comunicación oficial vinculada al calendario de feriados. El dato resulta particularmente llamativo porque la legislación vigente mantiene la denominación “Día del Respeto a la Diversidad Cultural”. Incluso organismos y gobiernos locales continúan utilizando oficialmente ese nombre para las actividades del 12 de octubre.
Entonces aparece una pregunta inevitable:
¿Estamos frente a una simple decisión administrativa o frente a una disputa sobre cómo queremos contar nuestra propia historia?
Porque cambiar “Diversidad Cultural” por “Raza” no es cambiar una palabra por otra cualquiera.
“Diversidad” habla de pluralidad.
“Respeto” habla de reconocimiento.
“Raza” remite a una categoría que justamente fue cuestionada cuando se produjo el cambio de 2010. El propio Estado había señalado que esa concepción carecía de validez y que la denominación resultaba discriminatoria y alejada de los paradigmas contemporáneos de derechos humanos.
La historia no retrocede, aunque algunos nombres sí
El debate no consiste en decidir si hay que borrar la llegada de Colón de los libros de historia. Por supuesto que no.
La historia se estudia completa.
La llegada europea, la conquista, la colonización, las transformaciones económicas y culturales, las resistencias indígenas y las consecuencias que llegaron hasta nuestros días forman parte de un mismo proceso histórico.
La discusión es otra: ¿desde qué lugar se cuenta esa historia?
Durante mucho tiempo hubo una sola voz con capacidad de narrarla. La del conquistador, la del colonizador, la del poder.
El cambio de 2010 intentó incorporar otras voces.
Por eso resulta significativo que una denominación que había sido reemplazada oficialmente vuelva a aparecer en el discurso institucional.
Puede presentarse como una cuestión semántica. Pero las palabras también construyen memoria.
Y la memoria es política.
No porque pertenezca a un partido, sino porque toda sociedad decide qué recuerda, cómo lo recuerda y qué significado le otorga a aquello que recuerda.
Volver al nombre viejo no cambia el pasado
El 12 de octubre de 1492 ocurrió.
La conquista ocurrió.
La colonización ocurrió.
Las resistencias de los pueblos originarios ocurrieron.
Nada de eso cambia porque una efeméride vuelva a llamarse de una manera u otra.
Pero sí puede cambiar el modo en que una sociedad decide mirar ese pasado.
Y ahí está el verdadero debate.
No se trata solamente de cómo llamamos al 12 de octubre. Se trata de qué historia estamos dispuestos a contar cuando lo nombramos.
Porque una cosa es revisar la historia.
Y otra muy diferente es intentar que el calendario vuelva a contarla como si nada hubiera cambiado.
La pregunta queda abierta:
¿La efeméride volvió al pasado o estamos asistiendo a un intento de recuperar una vieja manera de mirar el pasado?