La Canasta Básica Total aumentó un 2% en mayo y volvió a golpear el bolsillo de millones de argentinos. Aunque la inflación muestra señales de desaceleración, el costo de vida sigue dejando a cada vez más familias al borde de la exclusión.
Los números vuelven a encender las alarmas. Según los últimos datos oficiales, una familia tipo necesitó en mayo casi $1.500.000 para no caer por debajo de la línea de pobreza. El incremento de la Canasta Básica Total (CBT) fue del 2% durante el mes, consolidando una tendencia que sigue presionando sobre los ingresos de trabajadores, jubilados y sectores populares.
Detrás de las estadísticas hay una realidad concreta: alimentos, servicios, alquileres y gastos esenciales continúan absorbiendo una porción cada vez mayor de los ingresos familiares. Para miles de hogares, llegar a fin de mes se ha convertido en un desafío permanente.
Mientras el Gobierno destaca la desaceleración de la inflación general, organizaciones sociales y economistas advierten que el problema de fondo sigue siendo la pérdida del poder adquisitivo. La mejora de algunos indicadores macroeconómicos aún no se traduce en un alivio perceptible para quienes deben llenar el changuito o pagar las cuentas básicas.
En este contexto, la brecha entre los ingresos y el costo real de vida continúa marcando el ritmo de una economía donde cada aumento de precios impacta directamente sobre la calidad de vida de millones de argentinos. La pregunta sigue siendo la misma: ¿cuánto más puede resistir el bolsillo de las familias?