Lanús no pudo aguantar la embestida de Gremio y perdió en Brasil

Lanús no pudo aguantar la embestida de Gremio y perdió en Brasil

Lanús se quedó con el sabor amargo de la derrota postrera por 1 a 0 ante Gremio, en Porto Alegre, en la primera final de la Copa Libertadores, pero por el juego observado desde ambas partes, sus opciones de consagrarse campeón el próximo miércoles de local siguen siendo muy altas.

Lanús se quedó con el sabor amargo de la derrota postrera por 1 a 0 ante Gremio, en Porto Alegre, en la primera final de la Copa Libertadores, pero por el juego observado desde ambas partes, sus opciones de consagrarse campeón el próximo miércoles de local siguen siendo muy altas.

El fútbol de posesión parece desenfadado y por lo tanto las libertades podrían aflorar ante un menor apego a lo establecido, pero nada de esto es así ni para Manchester City que conduce Josep Guardiola ni para este Lanús comandado por Jorge Almirón.

Todo está sujeto a un libreto, a movimientos preestablecidos y trabajados con rigurosidad, como se comprobaba cuando algo resultaba equivocado en la construcción de juego «granate», porque hasta los propios suplentes gesticulaban no solamente marcando el error, sino registrando cual tendría que haber sido la acción correcta.

De esta manera se manejó Lanús desde el primer minuto hasta el último en el imponente Arena do Gremio, tal como había anticipado Almirón, no solamente practicando el juego que lo trajo hasta esta final, sino con todos los movimientos del rival aprendidos minuciosamente.

Por eso, más allá de defenderse con la pelota, dispuesto a no cometer los mismos errores que en los partidos como visitante frente a San Lorenzo y River Plate en las rondas previas, cuando se metió tan atrás que terminó perdiendo y dejando pobres imágenes, esta vez Lanús salió a imponer lo suyo, y lo consiguió en gran medida.

Claro que para ello necesitó que Lautaro Acosta bajara con Ramiro y el uruguayo Alejandro Silva hiciera lo propio con Fernandinho, en lo que fue un despliegue descomunal para ambos futbolistas.

Con esto el visitante bloqueó los costados del ataque de los anfitriones y evitó que su última línea pasara sobresaltos, mientras que en el ataque funcionaba el tándem José Luis Gómez-Silva por derecha, que terminaban en algunos centros que generaban peligro, como por ejemplo un gran cabezazo de Diego Braghieri (le sacaron la tercera tarjeta amarilla y se perderá la revancha) que salvó Marcelo Grohe abajo.

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