“Las historias nunca contadas”: la infancia que sobrevivió al infierno

Tras más de una semana sin noticias, el periodista fue encontrado sano y salvo. Su familia había presentado denuncia y hábeas corpus ante la desesperación por su paradero.

Hubo un infierno dentro del infierno. Mientras la maquinaria del terrorismo de Estado secuestraba, torturaba y desaparecía personas, también había chicos: hijos de militantes, bebés nacidos en cautiverio, adolescentes arrancados de sus casas. Esa dimensión —la infancia en los campos de concentración— sigue siendo una de las zonas más oscuras y menos narradas de la dictadura.

El documental de Página/12, “Las historias nunca contadas”, mete la cámara donde la historia oficial tardó en mirar. Voces que crecieron entre gritos, tabiques, simulacros de fusilamiento, robos de identidad y separaciones forzadas. Testimonios que incomodan porque revelan que el plan represivo no fue solo político: fue también un plan de disciplinamiento social que no tuvo reparo en destruir infancias.

A medio siglo del golpe, estos relatos todavía duelen, pero también iluminan. Le ponen cuerpo y nombre a lo que muchos quisieron borrar. Y recuerdan que la memoria no es solo un ejercicio del pasado: es una forma de cuidar el presente para que nunca más un chico tenga que sobrevivir a un campo de concentración en su propio país.

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