Más de la mitad de los hogares argentinos ya es clase baja: crece la preocupación por salarios y empleo

Un informe de la Consultora W. advierte sobre una movilidad social descendente y una creciente preocupación de las familias por su situación económica. El 53% de los hogares se ubica en el segmento de menores ingresos, mientras que apenas el 9% pertenece a la clase alta.

La estructura social argentina continúa mostrando señales de deterioro. Según un relevamiento de la Consultora W., más de la mitad de los hogares del país se encuentra actualmente dentro de la denominada clase baja, en un escenario marcado por la preocupación por los salarios, el empleo y la situación económica general.

El informe señala que el 53% de los hogares pertenece al segmento socioeconómico bajo, mientras que el 38% corresponde a la clase media y apenas el 9% se ubica en la clase alta.

Los datos reflejan una tendencia de movilidad social descendente, en la que cada vez más hogares encuentran dificultades para sostener las condiciones de vida que tenían anteriormente.

Un promedio que no muestra toda la realidad

Uno de los aspectos centrales del estudio es que la clasificación no se realiza tomando exclusivamente el salario de una persona, sino el ingreso total del hogar.

La Consultora W. utiliza como referencia un hogar tipo y calcula un ingreso promedio mensual neto de aproximadamente $3,5 millones para el conjunto del país.

Sin embargo, esa cifra promedio oculta diferencias muy importantes entre los distintos sectores.

Mientras que el ingreso promedio de los hogares ubicados en el segmento bajo ronda los $1,1 millones mensuales, en la clase media se ubica cerca de los $4 millones y en la clase alta alcanza aproximadamente los $13,5 millones.

La distancia entre esos ingresos permite observar hasta qué punto el promedio nacional puede resultar engañoso cuando se intenta describir la realidad económica de las familias argentinas.

Salarios y empleo, entre las principales preocupaciones

El deterioro de los ingresos aparece acompañado por una fuerte preocupación respecto del mercado laboral.

Según el relevamiento, el 67% de los hogares manifestó preocupación por los salarios y el empleo, mientras que un 59% expresó preocupación por la situación económica general del país.

El dato resulta significativo porque el salario continúa siendo la principal fuente de ingresos para una enorme cantidad de familias. Cuando los ingresos pierden capacidad de compra o cuando aumenta la incertidumbre sobre la continuidad del empleo, el impacto no queda limitado al trabajador: alcanza al conjunto del hogar.

La situación también afecta a sectores que históricamente se consideraron parte de la clase media y que hoy deben reducir consumos, recurrir al endeudamiento o resignar gastos que anteriormente podían afrontar.

La clase media, cada vez más presionada

El 38% de los hogares que todavía aparece dentro de la clase media no significa necesariamente que todos ellos tengan una situación económica holgada.

La inflación, el costo de los servicios, los alquileres, los alimentos, el transporte y el endeudamiento generan una presión creciente sobre los ingresos familiares.

Por eso, detrás de la clasificación estadística aparece una pregunta de fondo: ¿cuánto tiempo puede una familia sostener su condición social cuando sus ingresos pierden capacidad de compra de manera sostenida?

La movilidad social descendente no necesariamente ocurre de un día para otro. Puede comenzar con la pérdida de determinados consumos, continuar con el endeudamiento y terminar afectando cuestiones esenciales como la vivienda, la educación, la salud o la posibilidad de ahorrar.

Una fotografía de la desigualdad

Los números de la Consultora W. muestran una sociedad cada vez más fragmentada: una mayoría de hogares concentrada en los sectores de menores ingresos y una pequeña proporción ubicada en la cima de la pirámide económica.

El desafío, entonces, no pasa solamente por observar cuánto gana en promedio un hogar argentino, sino por comprender cómo se distribuyen esos ingresos y qué capacidad real tienen las familias para sostener su nivel de vida.

Porque cuando más de la mitad de los hogares queda ubicada en el segmento bajo, el problema deja de ser individual.

Es una señal sobre la estructura social del país.

Y plantea una pregunta que va mucho más allá de las estadísticas:

¿Estamos frente a una sociedad que está dejando de ascender socialmente para empezar a descender?

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