La crisis policial y el enfrentamiento con la docencia exponen un gobierno que prioriza el ajuste mientras crece el malestar social en Santa Fe.
La gestión de Maximiliano Pullaro atraviesa uno de sus momentos más delicados desde que asumió al frente de Santa Fe. Lo que comenzó como un conflicto salarial con sectores de la policía hoy se transforma en un escenario más amplio de tensión social, con la docencia en pie de lucha y un clima de desgaste que ya no puede disimularse con discursos de orden y autoridad.
Salarios que no alcanzan, paciencia que se agota
En una provincia golpeada por la inflación y la pérdida constante del poder adquisitivo, los trabajadores estatales vuelven a poner sobre la mesa una realidad innegable: los sueldos no alcanzan. Mientras el Ejecutivo insiste en la necesidad de “responsabilidad fiscal”, miles de familias trabajadoras enfrentan el dilema cotidiano de elegir qué pagar y qué postergar.
El conflicto policial dejó en evidencia que incluso dentro de las fuerzas de seguridad —sector que el propio gobernador colocó como bandera de gestión— el malestar es profundo. Si quienes fueron presentados como el pilar del orden hoy reclaman condiciones dignas, el problema ya no puede reducirse a una discusión técnica de números.
La docencia en lucha: dignidad frente al ajuste
La tensión con los gremios docentes reabre un frente histórico en la provincia. Paritarias trabadas, ofertas que no compensan la inflación y amenazas de descuentos reinstalan una lógica de confrontación que lejos está de resolver el problema de fondo.
Las maestras y maestros no solo reclaman salario: defienden la escuela pública, las condiciones de enseñanza y el derecho de sus alumnos a una educación de calidad. Cuando el ajuste impacta en las aulas, el conflicto deja de ser sectorial y se vuelve social.
Un modelo que prioriza el equilibrio fiscal sobre la justicia social
El discurso oficial habla de orden, disciplina y control del gasto. Pero en la práctica, el equilibrio parece recaer siempre sobre el mismo sector: los trabajadores. Mientras se exige moderación salarial, los precios siguen liberados y el costo de vida no espera.
La política no puede sostenerse únicamente en la firmeza frente al delito si pierde sensibilidad frente al sufrimiento cotidiano de su pueblo. Gobernar no es ajustar; gobernar es garantizar derechos.
El desafío de escuchar antes de que sea tarde
El escenario actual no es simplemente una disputa gremial: es una señal de alerta. Cuando el conflicto se vuelve permanente, cuando distintos sectores expresan malestar de manera simultánea, la dirigencia tiene la responsabilidad de revisar el rumbo.
Desde este espacio sostenemos que no hay estabilidad posible sin salarios dignos, no hay paz social con trabajadores empobrecidos y no hay proyecto político sólido si se construye enfrentando a quienes sostienen el Estado todos los días.
La salida no es la confrontación. La salida es el diálogo real, la recomposición salarial y una decisión política clara: estar del lado de quienes trabajan.