Sobreseimiento a jubilado que cultivaba marihuana para uso medicinal

Sobreseimiento a jubilado que cultivaba marihuana para uso medicinal

Desde que dejó de trabajar en la aceria, Alcides Hilbe pelea con un zumbido parecido al de una chicharra que no sabe de calendario ni de calor. Le grita las 24 horas de los 365 días. Los médicos le dijeron que el ruido se llama acufeno, un regalo sin devolución ni cura de su jubilación temprana por haber trabajado en los hornos de Acindar.

Hace 30 años la firma lo reubicó cuando cerró la tornería, el oficio para el que se preparó en su Ceres natal, a 10 kilómetros de la frontera con Santiago Del Estero. El trabajo lo dejó flaco, sin dormir, con una lumbalgia y una depresión diagnosticada y medicada. Llegó a los 70 años sin poder tolerar las pastillas. Investigó, plantó, armó y fumó su primer cigarrillo de marihuana, y al poco tiempo la chicharra perdió fuerza, ganó peso y durmió más. Le duró poco.

En abril de 2014, la Policía tocó la puerta y lo detuvo porque tenía 5 plantas de marihuana. Lo acusaron de vender. Fueron las últimas que tuvo. Lo procesaron y recién en octubre de 2016 un juez entendió que no podía ir a juicio. A días del final tercer año sin usar cannabis como medicina, la Justicia tomó el último paso judicial. Lo sobreseyó porque entendieron no tienen más pruebas. Hoy Alcides balancea el dolor, las pastillas y el insomnio. No puede tomar la medicación tradicional todos los días porque no las tolera. Tampoco quiere cultivar porque tiene miedo de que alguien lo denuncie y repita la historia a los 73 años. “Me privan de una mejor vida”, dijo Alcides a El Ciudadano.

 

LA FUGA

 

El 27 de marzo de 2014 un hombre llegó a la casa de Alcides en moto. Se bajó, tocó el timbre y sacó la billetera. Metió la mano por la reja y se subió a la moto. La Policía, que vigilaba el lugar porque les había llegado “información de calle” de que allí se vendía, lo persiguió para probar el delito de comercialización de estupefacientes, penado con entre 4 y 15 años de cárcel. La moto pudo más que los policías de la Brigada Operativa Departamental VI que ni siquiera anotaron la patente cuando había frenado en la casa del jubilado. Tampoco lograron hacerse de la marihuana que habría salido de la casa en Villa Constitución.

En una localidad de menos de 50 mil habitantes nunca encontraron al supuesto comprador. Aun así la Justicia Federal ordenó allanar la casa. Semanas más tarde la Policía le tocó la puerta al jubilado y lo llevó detenido. No le pusieron las esposas, pero estuvo 7 días preso en la comisaría. Incautaron cinco plantas jóvenes de marihuana de entre 26 y 110 centímetros. Calcularon que eran 7 kilos, pero también pesaron la tierra. La parte vegetal eran 200 gramos y un perito dijo meses más tarde que el nivel de THC, el componente psicoactivo de la marihuana, estaba entre 0.15 y 0.57. Era bajo.

La Policía no encontró ninguna balanza, envoltorios o tijeras para respaldar la idea de que Alcides fraccionaba y vendía. En cambio encontraron restos de cigarrillos de marihuana, tijeritas y papeles para armar porros. También embolsaron un picador metálico, un germinador casero, dos lámparas y envases.

 

CULTIVA

 

Alcides usaba las plantas para hacer aceite de cannabis y masajear el hombro que tiene operado. También fumaba. Era un consumidor, por lo que le cabrían las penas dispuestas en el artículo 14 de la ley 23.737, que fue declarado inconstitucional por el fallo Arriola en 2009. Tal como publicó este medio en 2015, cuando fue procesado el jubilado, sus abogados pidieron que sea tratado como un caso de tenencia para consumo personal. Las plantas le iban a servir por un tiempo y, si bien el fallo Arriola declaró inconstitucional la pena por el consumo, la ley de estupefacientes –23.737– no define qué cantidad es para consumo y cuánto es venta. Queda a criterio de los jueces y fiscales.

Las causas por consumo en Rosario no llegan a juicio desde hace años, pero la Policía sigue pidiendo la detención de personas y secuestra pequeñas cantidades de marihuana y cocaína que gira a los juzgados. Los consumidores como Alcides cultivan porque entienden que al no comprar en el mercado negro le restan fuerzas al narcotráfico que, como muestran las páginas policiales, incluyen disputas de territorio, balas y muertos.

 

SIN ACEITE

 

Alcides tiene la obra social de Pami y, a diferencia de Iapos, no admiten que los médicos receten a los pacientes tratamientos a base de aceite de cannabis importados como aprobó la provincia y la Nación entre 2016 y 2017. “Me aguanto como puedo. No puedo usar mucho las pastillas de antes por la panza. Tampoco me quiero arriesgar a tener otro problema y plantar”, contó a este medio el jubilado.

No fueron años fáciles para Alcides. Encontró refugio en los libros que saca de la biblioteca que está a 6 cuadras de su casa y las pocas tareas de mantenimiento que puede hacer. También en el apoyo de su familia que insistió en que respondiera todos los llamados de distintos medios de comunicación atraídos por el insólito caso y lidiar con los rumores con el mal usado prefijo “narco” que llegaron a sus ex compañeros de trabajo. Más difícil,  ya dictado el sobreseimiento a pocos días de 2018, es lidiar todos los días con la chicharra.

Fuente: El Ciudadano Web

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