El edificio llegó… 62 años tarde: la deuda política detrás del ISPEL 3

Villa Constitución inaugura la sede propia del Profesorado “Eduardo Lafferriere”, una conquista histórica arrancada a fuerza de lucha. La educación volvió a llegar después de todo lo demás.

Por Daniel Baldomir

El lunes 13 de abril no fue un día más en Villa Constitución. A las 12 del mediodía, se cortó una cinta que no solo abría puertas: cerraba, al menos en parte, una historia de abandono. El edificio propio del Instituto Superior del Profesorado N° 3 Eduardo Lafferriere ya es una realidad. Pero la pregunta incómoda sigue flotando en el aire: ¿por qué tardó 62 años?

No fue magia. No fue gestión iluminada. Fue presión, fue insistencia, fue comunidad organizada. Durante décadas, docentes, estudiantes y vecinos empujaron un reclamo que parecía condenado a dormir en cajones oficiales. El ISPEL 3 no es una institución menor: es una usina de formación docente, una pieza clave en el entramado educativo regional. Y aun así, tuvo que esperar más de medio siglo para tener un edificio propio.

Ahí es donde el relato se quiebra. Porque mientras se multiplican los discursos sobre la importancia de la educación, la realidad muestra otra cosa: postergación, desidia y prioridades invertidas. ¿De verdad es central la educación para quienes gobiernan? ¿O es apenas una consigna de campaña que se archiva después de las elecciones?

La inauguración, claro, fue celebrada. No es para menos. Es un logro concreto, visible, necesario. Pero también dejó en evidencia ausencias que hacen ruido. La del gobernador Maximiliano Pullaro no pasó desapercibida. En política, los gestos importan. Y cuando se trata de una deuda histórica con la educación, la silla vacía también comunica.

Porque esto no es solo un edificio. Es una señal. Es decirle a una ciudad que tuvo que esperar generaciones enteras que, finalmente, algo se mueve. Pero también es recordar que si hoy hay paredes, aulas y puertas, no es por voluntad espontánea del poder, sino por la persistencia de una comunidad que no se resignó.

El ISPEL 3 ya tiene casa propia. Ahora la discusión es otra: si la educación va a dejar de ser la última en la fila o si seguirá llegando, como esta vez, cuando ya pasó demasiado tiempo.

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