Con las reglas electorales ya definidas y 2027 cada vez más cerca, la conducción provincial del PJ todavía no logra poner en marcha una discusión política que ordene al partido. Mientras tanto, los distintos sectores hacen la suya, tantean candidaturas y construyen por afuera de una conducción que parece haber quedado atrapada en su propia interna.
El peronismo santafesino tiene un problema que ya no puede esconder debajo de la alfombra: el calendario electoral avanza, pero el Partido Justicialista sigue sin encontrar el botón de encendido.
La sanción del nuevo Código Electoral despejó buena parte de las especulaciones sobre las reglas de juego. El oficialismo provincial, además, comenzó a dar señales sobre los posibles tiempos electorales. Y mientras la política santafesina empieza a acomodarse para una contienda que tendrá consecuencias importantes, la conducción del PJ parece seguir administrando silencios.
La pregunta es sencilla: ¿qué está esperando la conducción partidaria para convocar a todos los sectores?
La Mesa de Acción Política, que debería funcionar como ámbito para discutir estrategia, acuerdos y futuro, parece haber entrado en una suerte de siesta prolongada. Mientras tanto, el peronismo real —el que camina el territorio, habla con intendentes, dirigentes, sindicatos, organizaciones sociales y militantes— ya empezó a moverse.
Hay conversaciones. Hay reuniones. Hay nombres que circulan. Hay dirigentes que miden fuerzas. Hay sectores que intentan reconstruir poder territorial y otros que buscan convertirse en la alternativa dentro del propio peronismo.
Y mientras todo eso ocurre, la conducción partidaria parece mirar desde la tribuna cómo se juega un partido que también debería conducir.
No alcanza con repartir candidaturas
El problema del PJ santafesino no se resuelve simplemente colocando nombres en una boleta.
Si el peronismo pretende disputar seriamente la Gobernación en 2027, tendrá que responder preguntas mucho más incómodas: ¿qué provincia quiere gobernar? ¿Con qué programa? ¿Qué modelo productivo propone? ¿Qué hará con la educación, la salud, la seguridad, la obra pública, el trabajo y la producción? ¿Qué lugar ocuparán los municipios y las organizaciones sociales?
Y, sobre todo, tendrá que resolver una cuestión que históricamente suele aparecer cuando las elecciones están encima: cómo convivir con las diferencias internas sin convertir cada elección en una guerra civil peronista.
Porque si la discusión empieza y termina en quién encabeza una lista, el problema seguirá intacto.
El peronismo necesita reconstruir una propuesta política capaz de disputar el sentido común santafesino. No alcanza con esperar que el desgaste del oficialismo haga el trabajo sucio. La política no se gana solamente denunciando al adversario; también se gana ofreciendo una alternativa creíble.
El reloj no espera al PJ
Mientras algunos dirigentes todavía discuten tiempos, otros ya están construyendo posicionamiento.
Ese movimiento puede terminar siendo saludable si desemboca en una competencia democrática y en la construcción de una alternativa amplia. Pero también puede convertirse en otro capítulo de la interminable fragmentación del peronismo santafesino si la conducción partidaria continúa llegando tarde a todas las discusiones.
El riesgo es conocido: que cada sector arme su propia estructura, que cada dirigente construya su candidatura, que cada espacio negocie por separado y que, cuando llegue el momento de ordenar la tropa, ya sea demasiado tarde para ordenar algo.
El peronismo tiene experiencia en perder elecciones por errores propios. También tiene experiencia en reconstruirse cuando parece condenado.
Pero para eso primero tiene que asumir que existe un problema.
Y el problema no es solamente quién será candidato en 2027.
El problema es si el PJ santafesino todavía tiene conducción política, capacidad de convocatoria y voluntad de discutir un proyecto colectivo.
Porque el calendario electoral no va a esperar que se pongan de acuerdo.
Y la sociedad tampoco.