Un informe de la Fundación Encuentro, elaborado a partir de datos oficiales y sectoriales, muestra el deterioro de la actividad productiva durante el gobierno de Javier Milei. Industria, construcción y comercio aparecen entre los sectores que más sufrieron el impacto de la recesión, con caída de la producción, pérdida de empleo y menor movimiento económico.
La economía argentina no solo enfrenta una discusión sobre números de crecimiento o inflación. Detrás de cada indicador existe un entramado de empresas, trabajadores, comercios y familias que dependen de que la actividad económica funcione. Y ese entramado viene mostrando señales de deterioro.
Un informe de la Fundación Encuentro, elaborado a partir de información del INDEC, el SIPA, la Asociación de Fabricantes de Cemento Portland (AFCP) y la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), pone en perspectiva la evolución de distintos sectores productivos desde el inicio del actual ciclo económico.
El análisis parte de una situación particularmente compleja: la economía argentina ya venía atravesando dificultades y había sido golpeada por una de las peores sequías de las últimas décadas. Sin embargo, lejos de producirse una recuperación homogénea, las políticas implementadas desde la asunción de Javier Milei profundizaron la contracción de sectores claves para la generación de empleo y el movimiento interno de la economía.
La industria, uno de los principales focos del retroceso
La actividad industrial aparece entre las áreas más afectadas. La caída de la producción no representa únicamente una menor utilización de las fábricas: también implica menos horas trabajadas, reducción de puestos laborales, menor demanda a proveedores y una caída en el movimiento económico de numerosas ciudades industriales.
El problema adquiere mayor dimensión cuando se considera que la industria funciona como una cadena. Una fábrica no trabaja aislada: detrás existen proveedores de materias primas, transporte, talleres, servicios profesionales, comercios y trabajadores que vuelcan sus ingresos nuevamente al mercado.
Cuando esa cadena se debilita, el impacto termina multiplicándose.
Construcción: menos obras, menos empleo y menor actividad
La construcción constituye otro de los sectores que sufrió con particular intensidad el cambio de rumbo económico.
La paralización o reducción de la obra pública tuvo consecuencias sobre empresas constructoras, trabajadores y proveedores vinculados al sector. A esto se sumó la menor capacidad de las familias y empresas para afrontar nuevas obras e inversiones.
Un indicador especialmente representativo es el consumo de cemento, utilizado habitualmente como referencia para observar el nivel de actividad de la construcción.
Menos cemento, menos movimiento de maquinaria, menos contratación y menos empleo forman parte de una misma cadena de retroceso.
El comercio también paga el costo de la recesión
El tercer gran componente del entramado productivo es el comercio.
La caída del consumo interno afecta directamente a los pequeños y medianos comercios, que dependen fundamentalmente del poder adquisitivo de la población.
Cuando los salarios pierden capacidad de compra y las familias deben priorizar alimentos, servicios y gastos esenciales, otros consumos comienzan a postergarse. Esa reducción de la demanda repercute inmediatamente sobre los comercios y, detrás de ellos, sobre distribuidores, fabricantes y trabajadores.
Los datos relevados por CAME permiten observar justamente esa contracción de las ventas y el deterioro de la actividad comercial.
No es solamente una caída del PBI
Uno de los puntos centrales que permite observar el informe es que hablar solamente de crecimiento o caída del Producto Bruto Interno puede resultar insuficiente para comprender lo que está ocurriendo.
Una economía puede mostrar determinados indicadores positivos mientras sectores estratégicos continúan perdiendo empresas, trabajadores y capacidad productiva.
La pregunta, entonces, no es solamente cuánto crece la economía, sino qué economía está creciendo, quién se beneficia y qué sectores están quedando en el camino.
El deterioro de la industria, la construcción y el comercio afecta especialmente a las economías regionales y a las ciudades cuya estructura depende fuertemente de la actividad productiva.
El costo que no aparece inmediatamente en las estadísticas
La pérdida de una empresa o de un puesto de trabajo no siempre puede medirse solamente en el dato mensual de actividad.
Cuando una fábrica reduce su producción o cierra, se pierde conocimiento acumulado, proveedores, mercados y capacidad instalada. Cuando un comercio baja definitivamente sus persianas, desaparece también una fuente de ingresos para una familia. Cuando una obra se paraliza, se frena una cadena que involucra a trabajadores, contratistas y proveedores.
Por eso, el deterioro del entramado productivo puede tener consecuencias que exceden ampliamente el período de una recesión.
La discusión económica queda así planteada más allá de las cifras oficiales: ¿Argentina está atravesando una transformación productiva o está desarmando parte de su capacidad industrial, comercial y laboral?
La respuesta será determinante para entender no solo la situación actual, sino también qué país quedará después de este proceso.