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Los archivos de la Iglesia sobre la dictadura

La Conferencia Episcopal adelantó al juez Ariel Lijo el resultado de una investigación de cinco años realizada por la Universidad Católica, buscando recopilar información existente y sumar nueva, en Argentina y en el Vaticano.

El episcopado católico argentino, a través del presidente de la Conferencia Episcopal, el obispo Oscar Ojea, hizo entrega a la Justicia la documentación recopilada en una investigación que abarca el periodo 1966-1983 y que, según lo señalan los responsables del proyecto, permitió “acceder a archivos que hasta ahora no estaban disponibles”.

Toda la investigación se volcó en una obra en tres tomos titulada “La verdad los hará libres. La Iglesia Católica en la espiral de la violencia en la Argentina. 1966-1983” cuyo primer tomo es de reciente publicación por editorial Planeta. Se anuncia un segundo tomo que llevará por título “La Conferencia Episcopal Argentina y la Santa Sede frente al terrorismo de Estado 1976-1983” que incluye “algunos documentos que son inéditos y desconocidos para el público, o bien, si fueron publicados, tuvieron una difusión fugaz”.

El trabajo, promovido por la Conferencia Episcopal y realizado bajo responsabilidad de la Facultad de Teología de la Universidad Católica Argentina (UCA), lleva la firma de Carlos Galli, Juan Guillermo Durán, Luis Liberti y Federico Tavelli, todos ellos doctores en teología. La obra, no obstante, es el resultado de más de una veintena de autores y autoras.

Según lo confirmaron fuentes oficiales de la CEA a Página/12, antes de que se anunciara la publicación de la investigación fue el propio obispo Ojea quien entregó toda la documentación al juez federal Ariel Lijo. Allí constan, se afirma, las denuncias que recibió la Iglesia por parte de los familiares de detenidos desaparecidos e informes hechos sobre el particular durante la dictadura cívico militar que gobernó el país entre 1976 y 1983.

Tal como lo expresan Ojea y el resto de los miembros de la Comisión Ejecutiva de la CEA la investigación abarca la revisión de archivos tanto en Argentina como en la Santa Sede, admitiendo no obstante que se trata de una labor de esclarecimiento y búsqueda de la verdad que “no cesa porque está abierta a ulteriores desarrollos”.

El juez Lijo le manifestó a Ojea que pondrá la información aportada a disposición de todos los presidentes de Cámaras Federales del país para que los magistrados que llevan causas por delitos de lesa humanidad puedan consultarla.

Bajo el subtítulo “La Iglesia católica en la espiral de la violencia argentina” los autores señalan que “el objeto del estudio es la actuación de la Iglesia católica en el periodo más trágico de la Argentina del siglo XX” que incluye interrogantes tales como si “¿La Iglesia jerárquica apoyó el golpe de estado de 1976? ¿Cuál fue la evolución en el diagnóstico de la jerarquía de la Iglesia, tanto a nivel local como internacional, sobre la gravedad de los acontecimientos argentinos, en particular frente a las violaciones de los derechos humanos en especial por el tema de los desaparecidos? ¿En qué medida conoció lo que estaba ocurriendo y cuál fue su implicación en ese drama?”.

El sujeto del estudio histórico es la Iglesia católica y, de forma particular, el episcopado. El desafío, señalan los autores, es “buscar la verdad y escribir nuestra historia”. Y agregan que “sabemos que del pasado podemos llegar a saber algo, nunca todo lo sucedido. Procuramos buscar y contar la verdad histórica, evitando tanto relatos parciales como apologías ideológicas”.

A lo largo de casi mil páginas se entrecruzan reflexiones teóricas desde la perspectiva teológica, pero también histórica, con documentación, entrevistas y testimonios a los que se suman reflexiones sobre el papel de la Iglesia católica ante cada uno de los acontecimientos y los momentos históricos.

Los obispos de la Comisión Ejecutiva del episcopado consideran que con este trabajo se inicia “una nueva etapa en la conciencia histórica eclesial” y que se trata de “un paso necesario para alcanzar el anhelado encuentro entre argentinos y argentinas”.

Fuente: Pagina/12

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