Misiones aprobó una ley que prohíbe el uso del glifosato y en su reemplazo promueve los bioinsumos

La norma establece un período de dos años de transición para que los productores se adapten a nuevos sistemas de control de malezas. En la provincia norteña, el herbicida se utiliza principalmente en los cultivos de té, yerba y tabaco, así como en producción frutihortícola

La Cámara de Diputados de la provincia de Misiones aprobó este jueves una ley que prohibirá en dos años la utilización del glifosato y otros agroquímicos, a la par que promueve con varias líneas de acción la producción de bioinsumos para reemplazar al famoso herbicida.

La ley expresa en su artículo 7: “Se prohíbe la utilización del glifosato, sus componentes y afines en toda la provincia. Se establece que esta prohibición entra en vigencia luego de dos años desde su publicación oficial a los efectos de una transición progresiva del cambio cultural de los sistemas productivos”. Como era previsible, ya hay resistencia a ese cambio de paradigma productivo, que a nivel político vehiculizó el interbloquede Juntos por el Cambio, cuyos integrates, sin embargo, acompañaron en general el texto y sólo se opusieron al artículo que fija el lapso de dos años.

El glifosato, introducido en el mercado global en 1974, es ampliamente utilizado en casi todas las producciones agrícolas misioneras por la fuerte presencia de malezas. Comenzó a adoptarse en las décadas del 70 y 80. En las chacras, reemplazó a la numerosa mano de obra que se utilizaba para desmalezar. El paquete tecnológico de cultivos modificados genéticamente para resistir al glifosato y el uso nitensivo del herbicida fue autorizado en la Argentina en 1996, de la mano de la entonces fabricante de la marca RoundUp, Monsanto, hoy parte de la corporación Bayer. Entonces su uso se masificó, en particular, en los cultivos de soja.

En 2015, un documento del Centro Internacional de Investigación del Cáncer (Iarc), un organismo de la Organización Mundial de la Salud, catalogó al glifosato como “probablemente cancerígeno”. Pero fue un ida y vuelta, porque un año después, la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) consideró ese riesgo “poco probable”.

“El glifosato es un veneno y ya es tiempo de erradicarlo”, señaló Rafael Pereyra Pigerl, diputado provincial y titular de la Comisión de Recursos Naturales de Diputados, que confeccionó el dictamen favorable a la norma en 2022. Las asociaciones de productores de té, yerba, tabaco y otros cultivos se opusieron apenas surgió la iniciativa. Aún así, la norma quedó aprobada por amplia mayoría, inlusive por la oposición de Juntos por el Cambio.

En los considerandos de la ley se se recuerda que la llamada “revolución verde” iniciada hacia los años 40 tuvo como consecuencia un gran aumento de la producción agrícola mundial debido, principalmente, a la intensificación de las áreas cultivadas, al uso masivo de fertilizantes y pesticidas sintéticos, maquinarias pesadas y al avance tecnológico en riego. Pero se aclara que este avance tuvo consecuencias negativas. Entre ellas, la disminución de la biodiversidad, la aparición de plagas resistentes, desequilibrios en los agroecosistemas y efectos perjudiciales en el medio ambiente.

La norma, más allá del dato fuerte de la prohibición total del uso del herbicida de acá a dos años, se destaca por su aspecto positivo: la promoción de insumos orgánicos en reemplazo del químico y sus formulaciones. “Se han evaluado diferentes preparados en varios cultivos con resultados positivos, comprobando que el uso de bioinsumos puede generar mejoras en el rendimiento y efectos estimuladores del crecimiento en las plantas estudiadas. Además, son de bajo costo para el control de plagas y enfermedades y tienen menor riesgo de contaminación ambiental porque se fabrican con sustancias biodegradables y de baja o nula toxicidad, ya que cientos de microorganismos benéficos pueden contribuir al control biológico de plagas de plantas o animales, o incluso a mejorar la productividad de los cultivos a través de su incorporación en suelos y partes de la planta como los bioinoculantes, todo esto sumado a que representa una oportunidad para cientos de pequeños productores”, argumenta el texto de la norma.

En igual sentido, cita “varios antecedentes en la tierra roja” con “buenos resultados en el cultivo de hortalizas de hoja y de fruto”. Y agrega que “también hay resultados en yerba mate y ensayos con tabaco para bajar la utilización de fertilizantes con síntesis química y reemplazarlos por los orgánicos”.

 

Los objetivos de la ley:

  • Generar líneas de trabajo colaborativas a los efectos de promover el desarrollo de insumos biológicos.
  • Optimizar los procesos de elaboración de los productos utilizando métodos de purificación totalmente orgánicos.
  • Promover planes de acción para el adecuado manejo del riego agropecuario y la eficiencia del uso del agua.
  • Diseñar y ejecutar acciones tendientes al crecimiento y desarrollo sustentable de los cultivos en la Provincia.
  • Incentivar al desarrollo de nuevos procesos tecnológicos para la producción de bioinsumos a los fines de impulsar su utilización como herramienta primordial en el territorio.
  • Enfatizar el empleo de técnicas relacionadas con el reciclaje de materiales orgánicos para mejorar la fertilidad del suelo, el control biológico de plagas y enfermedades, utilizando semillas provenientes de sistemas de producción orgánica.
  • Difundir los beneficios y la importancia de la utilización de bioinsumos.
  • A la vez, crea el Registro Provincial de Productores de Bioinsumos, como una base de datos actualizada de todas las personas humanas o jurídicas que tengan por objeto principal la investigación, desarrollo, elaboración, producción, exhibición y comercialización de productos biológicos, elaborados de organismos vivos y sus derivados.
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