¿Un comité para evacuar o una ciudad preparada para no inundarse?

Ante el posible escenario de un “Super Niño”, el Municipio de Villa Constitución reunió al Comité Operativo Unificado para coordinar protocolos y acciones frente a posibles inundaciones y anegamientos. La organización ante una emergencia es necesaria, pero abre una pregunta inevitable: ¿qué se está haciendo para que las familias no tengan que ser evacuadas cada vez que el clima golpea con fuerza?

El Municipio de Villa Constitución reunió a los organismos e instituciones que integran el Comité Operativo Unificado con el objetivo de revisar protocolos y fortalecer la coordinación ante un posible escenario climático de características extraordinarias.

Del encuentro participaron áreas municipales, el Concejo Municipal, Protección Civil, Bomberos Voluntarios, SAMCo, SIES 107, Prefectura, Gendarmería y otras instituciones vinculadas con la atención de emergencias. También estuvo presente el director provincial de Gestión de Riesgos, Carlos Dolce, quien realizó aportes técnicos destinados a fortalecer las estrategias de prevención y respuesta.

La conformación de un esquema coordinado resulta indispensable frente a fenómenos climáticos que pueden generar inundaciones, anegamientos, cortes de circulación y situaciones que obliguen a asistir o evacuar a vecinos.

Pero existe una discusión que no debería quedar fuera de la mesa.

Prepararse para la emergencia no es lo mismo que prevenirla

Un comité operativo puede establecer quién interviene, cómo se organiza una evacuación, dónde se traslada a las familias afectadas, cómo se garantiza la atención sanitaria y de qué manera se articulan Bomberos, Protección Civil, fuerzas de seguridad y organismos de asistencia.

Todo eso es necesario.

Pero cuando se habla de prevención frente a un fenómeno climático de gran intensidad, la discusión necesariamente debe ir un paso más allá.

¿Qué obras se están haciendo para evitar que el agua llegue a los barrios?

La pregunta adquiere especial relevancia en una ciudad que conoce las consecuencias de las lluvias intensas y que, históricamente, ha tenido sectores afectados por anegamientos e inundaciones.

Porque una ciudad verdaderamente preparada no debería medir solamente su capacidad para evacuar personas. También debería medir su capacidad para evitar que esas personas tengan que ser evacuadas.

¿Dónde están los lugares para las familias afectadas?

Ante la posibilidad de un fenómeno extraordinario, también aparece otra cuestión fundamental: ¿cuántas familias podrían resultar afectadas y dónde serían alojadas si fuera necesario evacuarlas?

No alcanza con saber que existen organismos preparados para actuar. Es necesario conocer cuáles son los lugares disponibles, qué capacidad tienen, en qué condiciones se encuentran y si están preparados para recibir durante horas o días a familias que hayan perdido temporalmente la posibilidad de permanecer en sus viviendas.

Y aquí aparece una diferencia sustancial entre emergencia y prevención.

La emergencia comienza cuando el agua ya entró.

La prevención empieza mucho antes.

Empieza con el mantenimiento y ampliación de los desagües, la limpieza de canales, la planificación hidráulica, los reservorios, el mantenimiento de los sistemas de bombeo, la identificación de los puntos críticos y las obras necesarias para reducir el impacto de las lluvias extraordinarias.

La ciudad no puede acostumbrarse a evacuar

Frente a un fenómeno como el anunciado, nadie puede garantizar que una obra vaya a impedir completamente una inundación. Cuando la naturaleza presenta situaciones excepcionales, existen límites para cualquier infraestructura.

Pero una cosa es reconocer que un fenómeno puede superar las previsiones y otra muy diferente es resignarse a que cada lluvia intensa encuentre a los mismos barrios y a las mismas familias en situación de vulnerabilidad.

Por eso, el Comité Operativo Unificado debe ser solamente una parte de una política mucho más amplia.

La coordinación salva vidas. Las obras reducen los riesgos.

Y ambas cosas deberían avanzar simultáneamente.

La discusión, entonces, no debería ser Comité sí o Comité no.

El Comité es necesario.

La discusión es otra:

¿Estamos preparando a Villa Constitución para convivir con las inundaciones o estamos trabajando para que cada vez sean menos las familias que tengan que sufrirlas?

Porque si frente al próximo temporal nuestra principal fortaleza es saber cómo evacuar, pero seguimos sin resolver los problemas estructurales de los barrios que se inundan, estaremos mejor preparados para atender las consecuencias, pero no necesariamente para evitar que ocurran.

Y esa diferencia, en una ciudad que ya conoce el costo de las inundaciones, no es un detalle.

La pregunta queda planteada: ante un posible “Super Niño”, ¿vamos a preparar solamente los operativos para sacar a las familias del agua o también vamos a poner en marcha las obras necesarias para que esas familias no tengan que salir de sus casas?

 

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