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¿Un Cándido recorte?

El secretario General del gobierno de Santa Fe, Juan Cruz Cándido, publicó este lunes un tuit con dos viñetas alusivas al 24 de Marzo: una con la imagen de Raúl Alfonsín encerrando en un vaso al dictador Jorge Rafael Videla, y otra de Carlos Menem levantando el recipiente de vidrio y dejándolo ir en libertad. El funcionario se preguntó: “¿Cuál es el prócer?”.

Antes de las respuestas sobre la elección del prócer, el autor del dibujo, Martín Bravo, le contestó publicando la pieza entera, que tiene tres viñetas y no dos: la última muestra a Néstor y Cristina Kirchner volviendo a encerrar a Videla en el vaso.

La pieza gráfico-digital revela la complejidad y dinámica que ha tenido en la historia argentina reciente el juzgamiento de los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura, que no son propiedad de una fuerza política ni de una persona, sino un proceso de construcción social, político y jurídico con marchas y contramarchas, sin heroísmos y con condicionamientos.

Para comprender eso se requiere abandonar las miradas binarias de la historia, dividida de forma tajante entre buenos y malos, algo que hasta Marvel ya dejó atrás hace rato.

“Hola. Te dejo el dibujo que hice pero completo. Si fuiste vos el que lo recortó: no se hace. Abrazo”, escribió el autor, Martín Bravo, en respuesta al tuit del secretario Cándido.

 

“Hola. No. No fui yo quien lo recortó. Igual el prócer es el que los cazó en la selva”, contestó el funcionario del gobierno de Maximiliano Pullaro, quien en su cuenta de X (exTwitter) se presenta como “alfonsinista”.

Otra usuaria de la red social participó de la conversación: “Che, podrías editar el tweet y arrobar al autor del dibujo, aclarando que está recortado ya que el sentido de la obra es más amplio. Respetemos el trabajo de otros”, le dijo a Cándido.

El funcionario público no consideró la posibilidad de ofrecer disculpas, atento a que no había sido el autor del recorte, sino que replicó con su estilo confrontativo: “Dale. Ojalá el sentido de la obra no haya querido saber lavarle las culpas al partido de la amnistía militar”, en referencia al PJ, cuyo candidato presidencial en 1983, Ítalo Luder, se había manifestado en favor de convalidar la autoamnistía que se habían otorgado los propios genocidas. Evidentemente ése no era el sentido de la obra, porque en tal caso no hubiese contenido la imagen de Menem, dos veces presidente por esa fuerza política.

La dificultad para problematizar el derrotero de la lucha de los organismos defensores de los Derechos Humanos y los sobrevivientes en los años siguientes a la dictadura, ubican al secretario General de la Gobernación santafesina como dueño de un Cándido binarismo en el que Alfonsín es bueno y todos los demás, malos.

De hecho, parte de los condicionamientos político-militares que empantanaron el camino de la lucha de los organismos de DD.HH los sufrió el propio Alfonsín, quien tras el ejemplar Juicio a las Juntas de 1985 impulsó las leyes de Punto Final y Obediencia Debida.

Aunque habitualmente se cree lo contrario, ese fue el orden cronológico de ambas normas. La ley de Punto Final estableció un plazo de 60 días para que los jueces llamaran a declarar a los presuntos responsables de los delitos cometidos durante el terrorismo de Estado, con el objetivo de establecer un corte a las convocatorias de militares a los estados judiciales.

La hiperactividad de los tribunales federales hizo tambalear el remedio jurídico que el radicalismo había pergeñado para establecer aquél corte a la persecución penal de los acusados.

Al ser convocado por la Cámara Federal de Córdoba para el 15 de abril de 1987, el mayor Ernesto “Nabo” Barreiro en vez de presentarse a declarar se acuarteló en el Regimiento de Infantería 14. Y desató unos días después la sublevación militar de Semana Santa con Aldo Rico como líder.

Ante ese condicionamiento, el Gobierno de Alfonsín impulsó la ley de Obediencia Debida, por medio de la cual se establecía que los imputados de crímenes de lesa humanidad habían actuado bajo coerción, en virtud de órdenes superiores de las que no tuvieron posibilidad de inspección, oposición ni resistencia en cuanto a su oportunidad ni legitimidad, con independencia de la prueba producida en su contra.

Como se ve, la historia real no está hecha por próceres de bronce sino por los hombres (y mujeres) y sus circunstancias.

Intentar reescribir la historia mediante el recorte de un tuit sería tan ingenuo como tratar de ocultar el apoyo electoral en segunda vuelta a Javier Milei, el presidente negacionista que llamó “el fracasado hiperinflacionario de Chascomús” a Alfonsín y cuya careta ponía a un muñeco para “cargarlo a trompadas”. La existencia humana es una combinación imperfecta de luces y sombras.

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Fuente: Redacción Rosario

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