Mientras el país atraviesa una etapa crítica, el área municipal comandada por Carina Bordiga enfrenta el desafío de sostener un sistema esencial con trabajadores mal pagos y escaso reconocimiento.
En un contexto nacional atravesado por la incertidumbre económica y social, la discapacidad vuelve a quedar en una zona de extrema fragilidad. Sin embargo, lejos de ser un área aislada, se trata de un entramado humano y profesional que impacta de manera directa en la vida de cientos de familias. La discapacidad atraviesa todo. Detrás de cada trámite, cada traslado y cada intervención, hay choferes, psicólogos, acompañantes terapéuticos, enfermeros, psicopedagogos, psiquiatras y proveedores que sostienen, día a día, un sistema que no puede detenerse. Son quienes brindan contención, información y acompañamiento en situaciones muchas veces complejas y urgentes. No se trata solo de gestión administrativa. Se trata de derechos. Se trata de inclusión real. Se trata de garantizar que las personas con discapacidad y sus familias no queden solas frente a un Estado que debería protegerlas. Sin embargo, este enorme equipo trabaja, en gran medida, de manera silenciosa y con salarios que no reflejan la responsabilidad ni el compromiso que asumen. La vocación no puede ser el único motor de un sistema que requiere inversión, planificación y reconocimiento. Hablar de discapacidad hoy es hablar de dignidad: la de quienes reciben acompañamiento y la de quienes lo brindan. En tiempos complejos, sostener esta red humana no debería ser una opción, sino una prioridad.