La investigación sobre agrotóxicos en humanos que el INTA se negó a difundir

Una carta a los lectores en un portal de Balcarce mostró la prohibición del director del INTA para que una investigadora haga públicos los resultados de un estudio de agrotóxicos en humanos.

La carta a los lectores que el activista medioambiental Santiago Ortigosa Reguera publicó a fines de junio pasado en el portal MinutoBalcarce generó conmoción en el ámbito académico y luego se extendió fuera de los muros de las casas de altos estudios. En la misiva decía que la investigadora independiente del Conicet y del INTA, Virginia Aparicio, había sido censurada por el director nacional del INTA, Carlos Parera, quien le prohibió difundir “los resultados preliminares de un proyecto internacional de investigación sobre los efectos de los agrotóxicos en el ambiente y la salud humana”.

“Ningún medio de Balcarce quiso publicar la noticia, hasta que después de insistir lo hizo Minuto Balcarce y a través de una carta, por lo que me tuve que armar de escritor en un minuto”, aseguró Ortigosa Reguera a Conclusión.

Y contó que es la segunda vez que Aparicio es censurada: “La primera fue por un estudio de plaguicidas en el ambiente que fue editado. Le retiraron de la biblioteca del INTA todos los libros hasta que después de unos años los repusieron”, dijo a este medio.

“Esta vez –agregó– no fue sobre resultados sobre tierra, aire o agua, sino también en el efecto que causa en los humanos. Pero los resultados están, ya que se trata de una investigación a nivel internacional”.

Es más, el activista contó que las personas que se sometieron a los estudios “tienen conocimiento de los resultados y que sólo uno salió a hablar”. “Las otras personas que se sometieron a las pruebas no han querido hacerlo”, señaló Ortigosa Reguera, autor de la misiva mediante la cual se supo de la prohibición a la académica de hacer públicos los resultados.

NO SABER EL EFECTO QUE CAUSA

Iván Villarreal tiene 52 años, vive en Laguna Brava, en el partido de Balcarce. “Un lugar rodeado de agua y sierras”, pero también de siembra y fitosanitarios, tal como arrojaron los análisis que se le practicaron. El estudio mostró que tiene siete agrotóxicos en la sangre, doce en la orina y seis en la materia fecal, aunque asegura que “nadie sabe qué efectos puede provocar esa mezcla», contó a Conclusión Villarreal.

“Es como absurdo, el 21 de junio teníamos la reunión, el 19 está la cancelación, pero los estudios nos habían llegado la semana anterior”, dijo.

Al ser consultado por cómo se siente luego de saber los resultados, Villarreal reflexionó: “Es como que con el transcurso del tiempo y la vida cotidiana uno piensa en todos los pesticidas que puede traer tal o cual cosa y queda naturalizado. Al prestarnos a los estudios, para ver qué hay de cierto y al ver los resultados, por un lado, nos sorprendimos con la cantidad de productos que tenemos encima. Por dar un ejemplo, hay 16 productos que estoy respirando. Es demasiado”.

“Con esta historia de que el INTA censura la posibilidad de que los técnicos nos cuenten qué tenemos, qué nos puede ocasionar, si bien muchos están aprobados, no sé qué puede pasar si se combinan dos en el organismo”, dijo.

Villarreal tiene siete en sangre. También en la orina elementos como glifosato y astrazina: “Son de los que más cotidianamente hablamos, pero hablamos de cinco, seis y ocho. Algunos hasta diez”.

“Ahora, que ya sabemos, porque esto es un estudio, desde el INTA o el Ministerio de Salud tendrían que expresarse sobre el tema. Sino lo hacen seguiremos hablando y realizaremos un pedido administrativo”, aseguró.

Si bien muchas personas que se sometieron a los estudios no querían hablar, Villarreal dijo que ahora están intentando juntarse y pedirle al INTA la información, en especial porque son 45 personas del sudeste de la provincia de Buenos Aires (de las 73 que se ofrecieron para dar muestras en toda la Argentina), entre ellas de Balcarce, Necochea, Benito Juárez y Mar Chiquita, entre otros.

Y aclaró que los muestreos que arrojaron una gran cantidad de agrotóxicos fueron de personas que “viven en localidades con mucha distancia entre unas y otras”.

EL PASO QUE SIGUE

Villarreal dijo que el paso siguiente es pedirle administrativamente al INTA que les den explicaciones. “Ya lo tenemos, ¿pero vamos camino a qué?, ¿por la cantidad de algunos de estos productos vamos a tener alguna enfermedad?, y si es así ¿podemos prever como manejarla?”, reflexionó.

El hecho de que el director del INTA prohíba la conferencia de la académica, según contó Villarreal, “generó en algunos participantes una paranoia importante” y, en otros, la necesidad de que lo que ocurre “lo tiene lo tiene que conocer la comunidad”.

¿POR QUÉ BALCARCE?

Más del 60 por ciento de los participantes que se ofrecieron para hacer el estudio viven en el departamento Balcarce. Villarreal explicó que es porque se estaba estudiando fitosanitarios que son utilizados para la papa, producto tradicional de esa zona. “Y que tiene que ver con la directora del proyecto a nivel nacional que es Virginia Aparicio, trabajadora de la experimental de Balcarce”, agregó.

16 FITOSANITARIOS

Iván contó que además de la extracción de sangre y la entrega de muestras de orina y materia fecal, tuvo que llevar las 24 horas, durante una semana, una pulsera que iba absorbiendo los elementos que estaban en el aire. “A mí me dio que tenía 16 fitosanitarios o, mejor dicho, agroquímicos, en donde aparecen algunos que están aprobados y otros que no. Y los que no están, quiero saber qué consecuencias pueden traer”.

ARH 49 2021.

Iván se sometió al estudio en 2021 cuando tenía 49 años. Así figura en los resultados de los análisis que le entregaron los primeros días de junio en el que figura como ARG19 2021 y a los que Conclusión tuvo acceso.

“Al tener tanta cantidad de cuestiones encima, no solo quiero saber con qué calidad de vida voy a llegar al promedio de vida de 81 años, sino también si esto generará algún impacto en las generaciones futuras”.

¿MEJOR CARNE QUE VERDURAS?

Finalmente, Villarreal contó que entre las distintas personas que se sometieron al estudio, se está viendo que quienes son vegetarianos tienen mucha carga que los que cuentan con una dieta que incorpora carne. “No sabemos si es porque el animal, al ingerir su comida, procesa los agrotóxicos y de esa manear nos llega más indirectamente al cuerpo”, concluyó.

 

LA INVESTIGACIÓN DE LA QUE NO SE HABLA

Virginia Aparicio es ingeniera agrónoma, doctora en Ciencias Agrarias e investigadora. El 21 de junio la académica iba a informar a la comunidad sobre sus hallazgos vía streaming y a “advertir sobre el peligro al que están expuestos los habitantes de los pueblos fumigados, como lo es Balcarce, pero no fue posible”, escribió Ortigosa Reguera en la carta a los lectores, confirmándolo a Conclusión en comunicación telefónica.

“El encuentro fue suspendido por decisión del director nacional del INTA, Carlos Alberto Parera, a través de una nota que envió a la investigadora el 15 de junio”, nota que además envió a este medio.

Aquí la carta publicada de Ortigosa Reguera

“En su estudio, un relevamiento biológico humano exhaustivo realizado en la primavera de 2021 en provincia de Bs. As (donde participaron habitantes de Balcarce), la especialista confirmó la presencia de agrotóxicos en orina, sangre y materia fecal; y también en el aire del lugar en el que las personas residen.

El trabajo de la investigadora forma parte del Proyecto Internacional SPRINT – Transición Sostenible de Protección Vegetal: Un Enfoque de Salud Global. Proyecto financiado por la Unión Europea (UE). Consiste en un consorcio de Institutos de investigación de 10 países europeos a los cuales se sumó la Argentina, a través del INTA.

Entonces, ¿hay algo que la sociedad Argentina no debe saber? Tener acceso público a este estudio, ¿a quiénes perjudica? Es sabido que INTA orgánicamente responde al agronegocio y a la ciencia empresarial, una ciencia limitada a responder sólo a intereses económicos a cualquier costo, y en perjuicio de la sociedad.

En un comunicado escrito por asambleas ciudadanas, movimientos campesinos, organizaciones socioambientales, sindicales, científicos e investigadores expresaron: “Lo que el INTA oculta e impide su divulgación es la fotografía tóxica de los cuerpos humanos evaluados en el SPRINT que seguramente se replica en todas las personas que habitan en los pueblos fumigados de la Argentina. Cuerpos que son impactados por numerosas sustancias que están ahí alojadas silenciosamente pero que tienen capacidad para generar cáncer, daño genético, funcionar como alteradores hormonales, generar disfunciones en el sistema nervioso y poseer efectos neurotóxicos.”

En resumen, se censura y prohíbe información sumamente valiosa y reveladora sobre los graves daños que provoca en las matrices ambientales y en los humanos el sistema agroalimentario industrial con el uso masivo de transgénicos y agrotóxicos.

Debemos preguntarnos de manera urgente y seria ¿Cómo nos alimentamos? ¿Cómo alimentamos a nuestra familia? ¿Qué agua tomamos? ¿Quién cubre la crisis sanitaria y ambiental de esta matriz productiva? ¿Qué ciencia se produce desde el Estado y cómo afecta en nuestras vidas? ¿Ciencia para qué y para quiénes hace INTA? La ciencia, una verdadera ciencia, se debe usar para saber lo que realmente pasa, primar lo colectivo y la honestidad por sobre los intereses de los sectores de poder y minoritarios. Debe ser una Ciencia para el beneficio de las Comunidades.

Los ciudadanos queremos saber qué sucede en nuestro territorio, es de nuestra incumbencia conocer el impacto de la Tecnología Agropecuaria en nuestros cuerpos. Por esa razón lógica, debemos repudiar el negacionismo, la censura y el oscurantismo de un Instituto Estatal contra los intereses del pueblo.

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